Cafés Notables: unos vuelven y otros se van

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Los cafés notables son un tesoro para los porteños. La ley ampara su estilo arquitectónico y el afecto de sus clientes es incondicional. Pero la crisis no entiende de patrimonio histórico ni de nostalgia y cuando golpea no discrimina. Así fue como hace algunos años se bajaron las persianas del café La Giralda y de la confitería La Ideal, que durante décadas se erigieron en íconos ciudadanos. Pero como no hay mal que dure 100 años, estos dos cafés están en pleno proceso de restauración y se espera su apertura parta 2020: la Giralda en febrero y La Ideal en agosto.

Dos lugares emblemáticos

La Ideal, de Suipacha al 300, es de 1912. Los arquitectos que llevan adelante el proyecto de restauración tuvieron que reforzar estructuras, rehacer pisos y baños, cambiar la cabina del ascensor, instalar equipos de aire acondicionado, restaurar arañas, madera y vitral… empezar casi de cero por el enorme abandono y deterioro. Los magníficos vitrales serán restaurados por Paula Farina Ruiz, encargada del mismo trabajo en las confiterías del Molino y Las Violetas.
La Giralda, de Av. Corrientes al 1400, estaba muy caída cuando comenzaron los trabajos. Los nuevos dueños prometen conservar la marca, pero con innovaciones. Se mantendrán el chocolate con churros, el café y los sándwiches, pero también se servirán almuerzos y cenas en un ambiente que restaurará detalles originales.

Los que no resistieron

Mientras estos cafés notables preparan su reapertura, hay otros que dicen adiós. El Café Roma, en la esquina de Anchorena y San Luis, es un emblema del Abasto desde 1952. Jesús Llamedo es su dueño y junto a su primo Laudino atienden el café desde que llegaron de Asturias. Cansados de tantas décadas de trabajo y de que en los últimos años la crisis los haya golpeado duramente, en noviembre cerrará sus puertas, por las que alguna vez pasaron María Rosa Vaner, Norma Aleandro, Leonardo Favio, Lito Cruz y muchos otros actores.
El local de la confitería Richmond sigue en alquiler para cualquier uso comercial. Ubicada en Florida al 400, la Richmond fue una confitería clásica durante casi un siglo pero, desde que cerró en 2011, nadie la recuperó. Si bien su arquitectura está protegida por la ley, no ocurre lo mismo con el destino que se le dé al comercio: de hecho, hace unos años abrió brevemente como una casa de venta de artículos deportivos.
Una historia similar es la que transita el bar Plaza Dorrego de San Telmo: continúa abierto por una cooperativa de trabajadores, que desde septiembre lo mantienen abierto sin pero enfrentan una demanda por desalojo que les inició el dueño del inmueble, que quiere recuperar la propiedad.