¿Mozos eran los de antes?

Gastronomía

¿De delantal blanco y moñito negro, o con remera y rastas? ¿Los que memorizan sin equivocarse un pedido para 12 comensales o los que anotan? ¿Los que tratan de usted olos que dicen “sí, dale”? Mozos tradicionales y camareros modernos conviven hoy en la ciudad de Buenos Aires.

Algunos de los mitos urbanos que describen a unos y a otros dicen que los mozos tradicionales nunca se olvidan un pedido. Conocen la carta de memoria, saben cada uno de los ingredientes de los platos, están al tanto de qué plato conviene pedir cada día y cuál es mejor dejarlo pasar y hasta sugieren qué pedir a un cliente dubitativo y con cuántos platos vamos a estar bien, sin quedarnos cortos ni pedir de más. Del otro lado, dicen que los camareros jóvenes suelen sonreir mucho, dicen “dale” en vez de “sí señor”,
tardan en atenderte, si no anotan es imposible que retengan el pedido de más de 3 personas y que se les nota que no tienen muchas ganas de estar en ese lugar: en una palabra, que son pura simpatía en contraposición con un absoluto desconocimiento de la gastronomía y del servicio.

Para saldar esta controversia, en DestinoBA pedimos la mirada experta de Daniel Prieto, dirigente de la Cámara de Cafés de la AHRCC. Esto nos contestó:

“Hoy en Buenos Aires coexisten los mozos formales y los cancheros, y la verdad es que los empresarios valoran los dos estilos. Los experimentados aportan profesionalismo y los nuevos, dinamismo. Además, hay que tener en cuenta a la hora de elegir al personal qué tipo de clientes vamos a recibir, porque es el mozo quien debe tener afinidad con cada tipo de comensal. Eso es muy importante, fundamental para cada comercio. El mozo es la
cara visible; es la primera cara que el establecimiento quiere vender y el punto de contacto más cercano con el cliente. Por intermedio del mozo sabemos qué elige el comensal, sus expectativas, cómo se siente, cómo está su humor: el mozo es nuestro termómetro. Lo que percibimos ahora es que el pibe joven ya no mira de costado al mozo antiguo, sino que lo valora como fuente de conocimientos, y por otro lado también vemos que los clientes más grandes ya no se sienten incómodos si los atiende un camarero de 20
años, con acento extranjero y un piercing en la cara. Lo nuevo es que esos dos estilos del servicio están interactuando. En los últimos tiempos se puede encontrar a los dos en comercios muy tradicionales de Buenos Aires. Los dos nos rinden: el veterano que no se equivoca y el chico que te compra con frescura y espontaneidad. En cualquier caso, nosotros como empresarios somos hinchas fanáticos del mozo. Las cadenas internacionales prescinden de ellos, pero en nuestros comercios siempre van a ser la cara
del negocio.”