Bares donde se escribieron libros memorables

Gastronomía

Una ciudad como Buenos Aires, famosa por sus librerías y por sus cafés, no podía dejar de tener bares en los que célebres escritores hayan plasmado sus mejores creaciones. La lista es innumerable, por lo que en DestinoBA vamos a hacer una selección reducida, tomando a los más emblemáticos.

Podemos arrancar con el mítico Café Tortoni, de Av. de Mayo y Esmeralda. Fundado a mediados del Siglo XIX, en sus más de 150 años vio desfilar a íconos de la cultura porteña. Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Abelardo Castillo, Humberto Constatini y, más cerca en el tiempo, Ricardo Piglia e Isidoro Blastein son algunos de los escritores que ocuparon sus mesas.

En el Café Margot, en Av. Boedo 857, se dio cita el Grupo de Boedo, formado por escritores de izquierda enfocados en la crítica social y encabezado por Elías Castelnuovo, Roberto Arlt y Leónidas Barletta, a principios de los años 20 del siglo pasado. Por entonces, el Margot se llamaba Bombonería de Roses, luego confitería Trianón. Hoy en día la cultura sigue formando parte del lugar, que alberga en su planta superior al Espacio teatral Boedo XXI y a la Biblioteca Lubrano Zas.

La película Tango Feroz, con Fernán Mirás y Leticia Brédice, de principios de los 90, inmortalizó a La Perla del Once, de Av. Jujuy 36, por ser el lugar en el que Tanguito y Lito Nebbia escribieron la mítica canción La Balsa. Pero mucho antes de estos próceres del rock nacional, en La Perla las letras brillaban con Macedonio Fernández como mecenas de jóvenes escritores como Xul Solar, Leopoldo Marechal y el propio Borges. Más tarde, un habitué célebre del bar fue Julio Cortázar, autor de Rayuela.

Un mito urbano señala que en una de las esquinas de Parque Lezama, en Brasil y Defensa, más precisamente en el Bar Británico,  Ernesto Sábato escribió las primeras páginas de su libro “Sobre héroes y tumbas”, mientras que la leyenda también asegura que el libro “Los Premios”, de Julio Cortázar, mencionan en sus páginas a la London, café de Florida y Avenida de Mayo. De hecho el lugar tiene una mesa con cenicero en homenaje al escritor, lejos de la prohibición de fumar vigente en la ciudad.

Por éstos podemos arrancar. Por qué no con papel, birome (o una tablet), dispuestos a ser los autores de nuestras propias páginas acompañados por un café y por los fantasmas de estos grandes talentos literarios que aún rondan esas mesas.